San José: Sentidos locales de orientación
“Hoy, con motivo del Día Mundial del Turismo, San José da un paso hacia delante para ser más atractiva para los turistas y dejar de dar las direcciones con ese sistema primitivo, aunque folclórico, que tenemos los costarricenses”*.
A raíz de los esfuerzos que está procurando la Municipalidad de San José para levantar una lucha contra la idiosincrasia costarricense sobre el modo en que se orienta la gente en la ciudad, se ha puesto en boca un rasgo natural de este pueblo que ha sido invisibilizado siempre, y ahora, sin mayor incursión sobre los efectos que esto pueda traer, se pretende arrancar de raíz; cambiar nuestra forma de ser, por una más “civilizada”. Mi pregunta sería ahora, ¿qué tanto vamos a reconocer este nuevo lenguaje basado en calles y avenidas numeradas? ¿Qué tan bien digerida será esta nueva nomenclatura y qué tanto la vayamos a poner en práctica, después de toda una vida de orientarnos a partir de valores simbólicos construidos por los años y las generaciones?
Que no se lea esta introducción como una opinión escéptica de una persona cerrada a admitir las bondades que traería el reconocimiento de una ciudad numerada, que se resiste a dejar atrás el romanticismo de las ciudades-pueblo en que vivimos y recibir ciudades menos “primitivas”, como lo pone el señor alcalde, y más amigables para el turista que pueda llegar a destinos con no más herramientas que un mapa bien numerado. Pero tampoco considero que sea un tema que deba tomarse tan a la ligera y valdría la pena ahondar en el hecho un poco más; meditar sobre las raíces de estos referentes simbólicos, las implicancias espaciales y de orientación en la ciudad, y para cuántas personas tiene el mismo significado un referente de estos. En otras palabras, qué tanto la gente hará uso real de esta nueva nomenclatura, o simplemente será una decoración en desuso.
Habiendo echado un primer vistazo al hecho, cabe aclarar que el manejo de referentes simbólicos se da de diferente manera en San José (ciudad capital) respecto de otras ciudades del país. La razón es simple; le pertenece a tod@s pero a nadie en particular, como lo fuera un barrio con sentido de comunidad. Bajo este contexto, es de esperar que la primera municipalidad con la inquietud de formalizar el sentido de orientación, sea, precisamente, San José. Es un blanco fácil, porque nadie dará la lucha por reclamar lo que le pertenece; se le quiere pero no existe un sentido de pertenencia. No la consideramos nuestra casa.
Con estas características, el fenómeno se vuelve aún más interesante, ya que, si existen valores simbólicos en un lugar donde la gente no considera su hogar, es porque de alguna manera, todos estamos implicados en la construcción de ciudad en San José.
Alrededor de 1.100.000 personas arriban, atraviesan, recorren, esquivan, obstruyen, habitan San José diariamente, lo cual nos hace una comunidad nómada más numerosa que cualquier otra ciudad del país, que con todo y nuestra itinerancia, nos orientamos y movemos bajo el mismo lenguaje de referentes simbólicos, construidos con el tránsito diario y las ocasionales paradas que hacemos en ese recorrido.
Este dato es el que más pone en tela de dudas si una nueva nomenclatura para esta ciudad en particular, basada en un lenguaje numérico, vendrá a superar en uso y popularidad a La Merced, El Mercado Central, La librería Lehmann, el edificio de Correos, Chelles, el Templo de la Música, y ultimadamente, la Plaza de la Cultura. Quizás hablo desde mi caso particular, donde la orientación no es mi mayor virtud, y manejo muy pobremente la lógica numérica de esta ciudad (que ya existe, de por sí), sin embargo y a pesar de ello, nunca lo he necesitado porque manejo con mejores honores el lenguaje “incivilizado” del ciudadano común; el que suele orientarnos el camino cuando lo desconocemos.
Ahora, tampoco ganamos nada si ni cortamos leña ni prestamos hacha. Así como quienes transitamos la calle, los referentes simbólicos también son efímeros, y es ahí donde se viene a sopesar en la balanza la importancia de un código trascendente en el tiempo y las generaciones. Como ejemplo traigo a la mesa el punto de referencia de “el higuerón”, en San Pedro, que incluso cuando el famoso árbol desapareció, el referente simbólico continuaba tan erguido como siempre. Soy consiente de que, sin una implicancia espacial, es de esperar que el valor de un referente como este, poco a poco vaya lavándose de la memoria de la gente hasta desaparecer con las nuevas generaciones. Es el ciclo natural de la existencia.
Como ven, es difícil llegar a una respuesta que satisfaga tanto una necesidad de legitimar un lenguaje común de orientación, tan necesario como ausente, sin perder la riqueza cultural que nos unifica como colectivo costarricense y nos hace particulares. Es una respuesta que, para nuestro medio, requiere de más que placas con una numeración ordinaria. Considero implicados desde sucesos históricos, elementos físicos del paisaje urbano y hasta curiosidades sin lógicas aparentes, pero que son no menos importantes en la conformación de esos no fáciles de omitir referentes simbólicos de orientación.
Seguiremos en la búsqueda de esa respuesta.
* Salazar, Camila. Numeración de vías en San José se inició con pifia. La Nación [en línea]. El País. 28 de setiembre, 2012 [Ref. de 14 de octubre, 2012]


3 comentarios
La numeración que existe deja de servir después de unas cuantas cuadras y se vuelven necesarios esos referentes. Por otra parte, la numeración nueva, o el sistema que se implemente podría no tener éxito entre los usuarios (hay que dar tiempo), pero no creo que se trate de una forma de borrar la memoria histórica o de menospreciar puntos o eventos. Creo que hay una necesidad institucional de codificar espacios para facilitar su administración. Para la municipalidad, por ejemplo, sería más fácil manejar por códigos las áreas para manejar estadísticas, operativos, etc, y así no depender de referentes efímeros o ambigüos.
Sí, efectivamente comparto la necesidad de legitimar un lenguaje oficial de orientación. Es necesario no sólo para instituciones de planificación, sino también para el usuario mismo y el visitante.
Me gustaría ver que, aprovechando los rasgos mencionados que ya existen de manera natural en que se orienta la gente, se abogue por un lenguaje más inclusivo y de fácil lectura, que tome en cuenta más allá del trazado colonial; que tome en cuenta la ubicación en el contexto en el que se está. Ya hay precedentes de ciudades que han buscado otros lenguajes que brindan no sólo orientación, sino entendimiento de la lógica de la ciudad, basados en hitos importantes, hechos históricos y demás, que como visitante poco a poco voy entendiendo más fácilmente, y como local, me identifico, como los hay en la Ciudad de México o Medellín, que aboga por un urbanismo que aparte, educa al mismo tiempo con estas otros lengujes alternativos.
Yo creo que es cuestión de costumbre y tiempo… Es muy probable que la gente se acostumbre a un nuevo lenguaje para direccionarse pero tomará tiempo y no creo que el singular modo de ahora desaparezca del todo. Por mi casa ahora que esta casi listo Plaza Lincoln, cambiaron calles, vías, semáforos, hay un paso peatonal nuevo y pues todo eso va a cambiar la dinámica de esa zona porque la gente sigue haciendo lo que sabe y que siempre ha hecho pero ahora les toca cambiar