La Ciudad un 25 de Diciembre
¿Qué es lo que hace de un “mall” precisamente eso, un mall?
Sin pensarlo mucho, cualquiera diría que las tiendas (¡Claro! ¡Un mall sin tiendas no es un mall!), los cines y el food court o área de comidas, elementos básicos mínimos para que un mall en la actualidad tenga éxito económico y buena aceptación entre los consumidores, con la clásica estrategia de distribución de mall, que coloca el área de comidas y los cines en polos separados como focos principales de atracción, para que en lo que se deambula entre uno y otro, se enganchen los consumidores de antojos que no necesitan de las tiendas que están en medio.
Simple.
Este 25 de diciembre que pasó, La Ciudad Paralela, sin mucho qué hacer, claramente, se preguntó qué sería de la ciudad en un día tan particular como lo es el propio día de Navidad. ¿Será que la ciudad queda desierta, escondida entre cortinas de hierro y semáforos encendidos para regular nada más que el tránsito de las palomas urbanas?
Bajo estas dos inquietudes, decidimos salir a la calle con rumbo incierto, con nada más que una cámara y un cuaderno de notas, y lo que se encontró ahí afuera responde con los hechos más insospechados a ambas preguntas, la primera, en un espacio semi-privado y confinado, y la segunda, en espacio público y al aire libre. Empecemos por el principio: la primera.

Ni las tiendas, ni los cines ni el food court.
Parece ser que ese conglomerado de absurdos, de escenarios ficticios, de simulacros de hiperrealidad, es lo que, si se lo restamos a un mall, deja de ser un mall.
Si agudizamos la vista, en la imagen encontramos una niña retratando a sus padres abrazados, con el árbol de navidad coca-cola de fondo; un niño extraviado, preguntando a un guarda de seguridad por sus familiares a cargo; una madre, a cargo de dos menores que caminan y dos en coche; dos parejas que deambulan erráticamente por los pasillos deseando que estos nunca terminen; más al fondo, una familia completa en sus ropas cómodas de estar en la casa (bermudas y mocasines sin medias el padre, por ejemplo) haciendo tertulia en los sillones como si estuvieran en la sala de la casa, más no encontramos una sola tienda abierta.
Así, muy a pesar de la media luz, con sensación constante de que van a cerrar, la gente invierte la navidad en este cadáver exquisito de espacios que los atrae con magnetismo, con la idea de “salir de la casa”, pero sin la suficiente valentía como para aventurarse por el espacio público que ofrece la ciudad al aire libre, donde ese deambuleo tendría más sentido. (¿Sentido para quién? No para estas personas, sin duda).

Saliendo de esta «contrafigura del espacio» (KOOLHAAS, Rem. “El Espacio Basura”, 2008) nos dirigimos al centro de la ciudad para desmitificar nuestra segunda inquietud de 25 de diciembre sin nada mejor qué hacer. La primera sorpresa fue encontrar no sólo a unos, sino cientos de personas más que aparentemente como nosotros, no tenían nada mejor qué hacer, y se tiraron a la calle a descubrir lo que la ciudad les tenía que ofrecer aquél día.
El simple hecho de recorrer las calles, plazas y parques en tiempos de navidad, es una distracción que merece la pena, por las múltiples transformaciones que sufre (o vive) el espacio público que alimentan la ilusión de la época. Así, sobre la nada, en las plazas se levantan conos y esferas de luz, los edificios desde lo lejos nos envían mensajes, el patrimonio arquitectónico y los faroles se visten de color, y todo este espectáculo para la retina, que tristemente se vive sólo una vez al año, le hace la navidad a cualquiera que se aventure a superar el umbral de las vitrinas y del aire acondicionado, y decida deambular por la ciudad.
La ciudad no estaba escondida tras cortinas de hierro, aun cuando la mayor cantidad de comercios se encontraban cerrados (por el feriado obligatorio). Igual que en el mall (pero diferente), las tiendas y comercios cerrados, no fueron motivo para quedarse en la casa, sino por el contrario, éstos estímulos que viste la ciudad sólo en éstas ocasiones especiales, son suficientes para dinamizar el espacio público y cargarlo de gente que no tiene otra cosa mejor qué hacer que apropiarse de la calle.
En resumidas cuentas, con la familia, en un mall o en la calle, cada quien tiene su manera de matar pulgas.
1 comentario
Jajajja
Super bueno lo del mall, deberias contar mas historias sobre la gente paseando en los malls donde las tiendas estan cerrados. Es demasiado el reflejo de la nueva sociedad consumidora y de la clase media que convirtio el sentido de espacio publico por espacio protegido y de consumo. Increible que hubiera gente paseando la verdad. Que tristeza pero que reto para los anos que vienen !