Es difícil decidir por dónde empezar a escribir esta entrada, puesto que se trata de un aspecto aniquilado de nuestras ciudades costarricenses, que se manifiesta en múltiples dimensiones del espacio público y del ser ciudadano. Me refiero al acceso a la memoria urbana y la manera en que, como derecho, se nos ha negado a tal punto que somos incapaces de nombrar nuestra propia ciudad. Contamos con centros históricos minúsculos e inadvertidos en las ciudades secundarias, y uno principal difuso al cual tampoco sabemos cómo delimitar, y que además, cada vez que echamos un vistazo, encontramos en el inventario más y más desaparecidos por demoliciones. Entonces la pregunta que me surge es ¿cómo accedemos a la memoria urbana y cómo nos llega ese mensaje o conciencia desde la ciudad? La respuesta resulta muy amplia y compleja, pero expongo unos casos encontrados, que pueden brindar un panorama.

Monumentos a Juan Santamaría

Monumentos a Juan Santamaría


El héroe de la patria, Juan Santamaría, sin entrar en el debate de si existió o es leyenda, cuenta con dos monumentos principales en la ciudad que lo vio nacer, Alajuela. El primero y más conocido, es una escultura en bronce sobre el parque cívico que lleva su nombre (“Parque Juan” para el alajuelense común), cuya confección evoca a un joven militar francés que dista mucho de cómo el hijo del pueblo podría lucir, por lo que desde los inicios de la construcción de nuestras bases mnemónicas, se recurre a marcos referenciales extranjeros, por lo que el vínculo afectivo con el que nos deberíamos de identificar con este ícono de la patria, se asocia a un ideal histórico y no a nuestro propio reflejo.

Pero más inquietante aún, es el estado del segundo monumento a este héroe, que garantizo pocos curiosos sabrán de su existencia; La Fuente de la Libertad. El monumento consiste en lo que queda del recinto que vio nacer al Erizo, pero luce más como cualquier lote baldío, atrincherado por una malla para impedir que cualquier ciudadano ose acercarse a leer la placa conmemorativa, y enterarse de que aquel aparente lote residual, consiste en un intento fallido de espacio de memoria; un acceso negado y segregado físicamente, lo que provoca que tenga más relevancia social el negocio de papas tostadas “La Libertad” a pocos metros de esta esquina, que el mismo hecho histórico que simbólicamente nos la otorgó.

San José la ciudad que rinde homenaje a los zaguates

San José la ciudad que rinde homenaje a los zaguates

San José, por otro lado, es la ciudad que rinde homenaje a los zaguates, y que retrata en murales a los chanceros y cantantes callejeros. Como ciudadanos se camina sobre un territorio que parece no evocar un pasado relevante para nadie, y ante la necesidad de vínculos afectivos hacia la ciudad, se recurre a lo inmediato como intento de significarla, ya que somos incapaces de nombrar lo que por esas mismas calles pasó pocos años atrás.

Creo que somos de afectos urbanos pasajeros. Existe más afinidad hacia personajes cotidianos, que a lo heroico y lo sublime, lo que me hace pensar si nuestra memoria es una memoria a corto plazo que va mutando con la continuidad misma de las generaciones.

Lo que experimentamos en este momento con la memoria del Paseo de los Estudiantes, en competencia con el recién instaurado bulevar del Barrio Chino es un caso contrario producto de la imposición forzosa de nuevos significados en un territorio que ya los tenía.

Dudo en primera instancia, que existiera previo a la bulevarización y la escenografía oriental, una memoria real del ciudadano hacia los hechos históricos que le dieron nombre y presencia al Paseo de los Estudiantes, sin embargo, era de las pocas calles que los ciudadanos aun recientemente eran capaces de llamar por su nombre. Las razones políticas y económicas que dieron luz verde al proyecto Barrio Chino, que dicho sea de paso, ha resultado un rotundo des éxito a nivel comercial y de infraestructura, lejos de enriquecer el patrimonio cultural tal cual recitaban los periódicos, ha venido a resemantizar el territorio con símbolos y códigos impuestos desde la autoridad con escasa o nula significación social, provocando un auténtico memoricidio que de Paseo de los Estudiantes no queda más que la placa oficial, gracias a que la Comisión Nacional de Nomenclatura así lo permite.

Si bien los ciudadanos costarricenses no tienen mayor historial reaccionario ante la lucha por el derecho a la ciudad, destaco algunas manifestaciones en el espacio público que, aunque anónimas e individuales, denotan una conciencia ante lo hurtado que merece nuestra atención.

"Lo intangible es eterno"

“Lo intangible es eterno”

“Lo intangible es eterno”;  versa lo que no llega a ser un grafiti en uno de los basureros alegóricos a la cultura china del bulevar en cuestión. Un reclamo de un ciudadano al cual el memoricidio del Paseo de los Estudiantes no le pasa inadvertido.

“Esto no es un barrio chino”; como hecho furtivo sobre el sincretismo forzado entre el arco chino y las esferas prehispánicas que lo acompañan, denota un malestar ante lo aparente. Considero que ya no es un Paseo de los Estudiantes; el imaginario dice que no es un barrio chino ¿entonces qué es?

Y para terminar, expongo lo que entiendo como un fusilamiento simbólico a los monumentos de conquistadores españoles de nuestros parques urbanos josefinos, considerados por muchos como genocidas de nuestro origen indígena, congraciados como héroes en tres de los principales espacios públicos que goza la ciudad de San José.

Un ciudadano provocado nos recuerda aquí, que no tenemos claro cuáles son nuestros héroes dignos de memoria, y así vistió de luto la caída de héroes falsos, importados una vez más, al no saber dónde saciar la necesidad de memoria e identidad de los lugares.

Desde ideales de héroes importados, acceso restringido a los espacios de memoria, memoria ciudadana a corto plazo, hasta la decisión política que hace tabula rasa sobre la historia que logra sobrevivir a nuestros días.

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