Right to Dry: sobre el derecho a tender ropa

by anitaguzfer on 30 julio, 2013 · 3 comments

in Apropiación del espacio público, fenómenos urbanos, paisaje urbano, tendidos de ropa

En nuestro contexto, los tendidos de ropa pasan quizás, desapercibidos, esquineados en cada rincón sin que nadie los determine o haga un tema de ellos, precisamente porque son parte natural de nuestro paisaje, sea este rural o urbano (que muchas veces, los límites entre uno y otro, son difíciles de determinar).

A nadie parece importarle por estas latitudes tener a vista y paciencia la lavandería del vecino escurriendo justo en la ventana, ni si el vecino conoció las intimidades particulares del guardarropa. Al menos no en el grueso popular de la población, para no generalizar quienes viven en condominios o barrios más amurallados, donde la tónica se vuelve introspectiva para el secado al sol, y la gente parece no querer ventilar los trapos sucios.

Right to Dry - Sobre el derecho a tender ropa - La Ciudad Paralela

Right to Dry – Sobre el derecho a tender ropa

 


Una práctica tan usual para nosotros como tender ropa, parece ser un tema polémico en otros países más preocupados por la rigurosidad estética de un suburbio, para lo que algunos defensores de los tendederos, se han amparado bajo la crisis ambiental para hacerse oír, y defender su derecho a secar la ropa al sol.  Cabe destacar que asociar la práctica de tender ropa con el tema de la crisis energética mundial, resulta un poco forzado quizás para cualquier latino acostumbrado a secar su ropa recién lavada en cualquier cable, balcón o ventana entreabierta que lo permita, sin embargo, hemos llegado a descubrir que fuera de nuestras fronteras sociales, el tema ha cobrado relevancia legal y ha sido objeto de lucha social para desmitificar las asociaciones simbólicas que arrastran históricamente.

En Estados Unidos es común encontrar contratos vecinales con cláusulas que prohíben terminantemente tender la ropa al sol, acompañado de otras prácticas como reparar el carro en la vía pública, tener animales de granja visiblemente hacia el espacio público o colgar antenas satelitales a una altura visible. Todas estas limitantes tienen una razón de ser; un desarrollador inmobiliario que conoce a su audiencia y sus necesidades de confort estético, así como los símbolos asociados a los tendidos de ropa que conmemoran culturalmente pasados de carestía y vacas flacas.

Es en este punto donde entra en juego el as bajo la manga de la sostenibilidad y el ambiente. La otrora imagen de familia acaudalada que podía brindar la posesión de una secadora eléctrica en el albur de los años 50´s y 60´s, se asocia hoy al despilfarro innecesario que atenta contra la salud del ambiente, ya que es comprobado que su mecanismo la convierte en uno de los electrodomésticos que más energía consumen en el hogar. Esto ha llevado a grupos de vecinos en Europa y Estados Unidos principalmente, movidos por la necesidad de ahorro y buenas prácticas en el hogar, a conformar un movimiento mundialmente conocido como Right to Dry entendido este como el “derecho a secar la ropa”; un movimiento que busca el amparo colectivo y legal para deshacer todas esas asociaciones del tendido de ropa con el menoscabo estético de los suburbios y con estratos sociales populares, y promover así, el secado ordinario de la ropa a partir de las energías limpias del sol y del viento, en caso de contar con dadas condiciones climáticas al alcance de cualquier bolsillo.

Ahí sí es cierto que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde. En nuestro caso, no estamos perdiendo el derecho a tender la ropa al sol. Por el contrario, como práctica libre que es en nuestro contexto, se tiende a invisibilizar el fenómeno, y no verse como un derecho del que se goza y que aparte, forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad.

Traer otras perspectivas y realidades sobre el costo de colgar una media (calcetín) fuera de las fronteras sociales propias, espero que provoque algo de alivio la próxima vez que se vea ondear un tendedero, al sabernos en la libertad que esto representa más allá de las clases sociales y de la estética o antiestética que esto traiga implícito para la imagen de la ciudad.

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José Fernando Madrid Quezada julio 31, 2013 a las 16:00

Me parece muy interesante y valioso que se llame la atención sobre un tema de la vida cotidiana que en sí mismo es reflejo de la forma en que se habita en el espacio y dice mucho de quiénes somos. Sin embargo creo que hace falta profundizar un poco y no dejarse llevar por ese tono triunfalista que se percibe. Es decir falta una lectura más aguda del contexto latinoamericano. Quien haya escrito esto me queda claro que tiene una lavadora (no creo que alguien con una computadora y con el tiempo de escribir un artículo esté lavando toda su ropa a mano…). Sin embargo, al menos en el contexto de la Ciudad de México, existen muchas personas de clases media y popular que no cuentan con dicha comodidad y que lavan su ropa en lavanderías, que proliferan. Estas personas de manera alguna tienen el placer y el privilegio de ver cómo su ropa se tiene plácidamente al sol. De modo que me parece difícil generalizar de la forma en que aquí se maneja. Y por otro lado, ¿qué clase de “libertad” para colgar la ropa tiene quien no cuenta con un espacio para ello porque vive hacinado y tiene que tender su ropa en su sala?. Temas que sin duda pueden ayudar a profundizar estas reflexiones.

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anitaguzfer julio 31, 2013 a las 23:24

Hola Jose. Valiosa tu aportación. Tu reacción es precisamente lo que buscamos acá, una mesa de diálogo y discusión. Me gustaría saber dónde encontrás el tono triunfalista de la entrada, que no lo encuentro, quizás raya más en lo “romántico” de divagar sobre tendidos de ropa. Considero de tu parte que hacés un juicio de valor al señalarme sobre la inversión de mi tiempo por poseer una computadora y tomarme la molestia de escribir, y sacar tus conclusiones sobre si lavo mi ropa a mano o a máquina, pero ese no es el tema que me interesaría discutir por este medio.

Te comento que soy de Costa Rica y aquí no tenemos una cultura de lavanderías públicas, como sí la hay en otros países. Aquí la gente suele recurrir a una lavandería como tal, para lavar prendas delicadas que requieren de un trato especial, mas no contamos con esa práctica o costumbre que mencionás. Sentite bienvenido a escribir un poco sobre eso, si es de tu antojo.

Hablaba de la libertad que se goza de poder tender la ropa, sin tener el peso de ninguna ley o reglamento vecinal que lo impida por rigurosidades estéticas propias de suburbio o condominio a las que sí se enfrentan en contextos estadounidenses o europeos. Siento (para terminar) un tono ácido en cuanto a que considerás una falta de realidad de mi parte, pues para eso te invito a repasar otras entradas sobre tendidos de ropa, y así podrás ver un poco lo que pienso de los tendidos y lo que me llama la atención de ello.

Gracias por las sugerencias y tu aporte.
Serán tomados en cuenta.

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Luis Salazar octubre 30, 2013 a las 19:41

Los invito a leer esta publicación divertida sobre el tema. Para verlo ingresen al link y bajan suficiente para llegar al texto. Saludos http://www.queseleofrece.blogspot.com/2009/11/los-trapos-al-sol.html

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