la ciudad paralela - casetas 2.1

Por Karen Fonseca Rodríguez y Mariana García León*
Parte 2/3

¿QUÉ PASARÍA SI SU CIUDAD FUERA SEGURA? ¿SI USTED NO  TUVIERA EL MIEDO CONSTANTE DE QUE ALGUIEN SE LE VA A METER A ROBAR A LA CASA O LE VA A HACER UN BAJONAZO MIENTRAS PARQUEA SU CARRO EN SU COCHERA?

Vivimos inmersos en el urbanismo del miedo y en la cultura de la desconfianza, lo cierto es que todos los días salimos de la casa con temor de lo que nos podría pasar; sin embargo, sabía usted que en el año 2011 la tasas de robos y homicidios fue apenas de un 10.3 por cada 100 mil habitantes, entonces ¿Porqué es que se perciben índices del 70% de inseguridad? y ¿Porqué es que es mayor entre mujeres, personas de más de 50 años y personas con mejor situación económica? Según datos de la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica.

Este comportamiento responde a muchas variantes de nuestro diario vivir, mucho tienen que ver los medios de comunicación y las redes sociales, sin embargo algo que influye a un nivel de mayor alcance, a un nivel de subconsciente, es nuestro contexto. Hemos llegado al punto donde hemos invisibilizado pequeños detalles que constantemente refuerzan nuestra inseguridad, los condominios amurallados, las rejas en todas las casas, los perros bravos… y las casetas de guarda.

Porque por supuesto, si yo voy caminando por un barrio, donde me encuentro con todos estos elementos, y ojala simultáneos, uno pensaría que la lógica sería que es el lugar más inseguro del planeta, sin embargo lo más probable es que nunca fue inseguro en el primer lugar.

Lo cierto es que lo más factible es que su ciudad sí sea segura y nada más este manifestando un síntoma del modelo de oferta y demanda, mientras más condominios de este tipo me venda un desarrollador más van a demandar las personas acceso a este tipo de vivienda con estas características.

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¿QUÉ PASARÍA SI LOS PRISMAS VIGILANTES TUVIERAN LA CAPACIDAD DE EVOLUCIONAR Y EMPEZARÁN A MUTAR Y A DEFINIR MI BARRIO?  

Estos espacios de seguridad fueron concebidos con un mismo fin, un espacio de control y vigilancia para aumentar el sentido de confort de las personas, y ahora estos lugares seguros son parte de nuestro diario vivir, se ubican puntos estratégicos y generan diferentes lecturas e impactos en la sociedad, la función madre de cada espacio de vigilancia muta, y se define en función de su impacto social, y a pesar de aspecto genérico tienen leves cambios visuales que nos describen el contexto, pero algo común a todos es que son leídos como “seguros” sin importar su condición, pueden clasificarse según su función madre mutada: sectorización barrial, segregación social y puestos de información.

Las casetas de seguridad no siempre estuvieron ahí, de hecho es un síntoma de la ciudad contemporánea, y es su misma proliferación la que las lleva a mutar de seguridad a hitos de sectorización barrial o íconos de identificación, en el primer caso se deben ubicar en puntos estratégicos de la trama existente de los barrios, para poder vigilar visualmente a un sector determinado, generalmente el que provee los insumos económicos para pagar los servicios y está implícito para el contexto a quién y a quién no cuidan. Los localizamos interrumpiendo el flujo de las aceras o en los parques, en decadencia física, mimetizando en su materialidad a la casa más cercana y velando por la seguridad de las personas de su alrededor inmediato. Su jurisdicción termina en el momento que se genera una barrera, como lo es una carretera y a partir de esta barrera se generan los protegidos y los desprotegidos.

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¿QUÉ PASARÍA SI VEMOS LOS  PRISMAS VIGILANTES, NO COMO UN SÍMBOLO DE “SEGURIDAD”, SINO MÁS BIEN, COMO EL HOGAR DE UNA PERSONA, CON ELEMENTOS PERSONALIZADORES? ¿PERDERÍA SU VALOR ICÓNICO DE SEGURIDAD?

En las casetillas de guarda se da una construcción espacial-temporal; funcionan como una barrera de seguridad colocadas “activamente” las 24 horas del día, los 7 días de la semana y las personas las identifican como elementos o hitos de seguridad, donde cable aclarar se conoce una difusa percepción de seguridad porque no se sabe con certeza si dichos objetos cumplen con lo establecido; pues no por el hecho de una caseta de guarda esté colocada, quiere decirse que la zona está segura, mas esa es la imagen que el objeto como tal ha creado. Además, de que su forma de representación se ha estandarizado, dentro del esquema no se muestran variaciones; ya se ha popularizado y acostumbrado a la forma de vida; un único valor se le ha dado a la seguridad hecha objeto, la memoria colectiva que ya han creado permanece y difícilmente se podría sustituir.

Pero lo cierto es que por dentro estas casetas son mundos apartes, son viviendas, y bien peculiares, con elementos como: biblias y pasajes místicos, cassettesde música folckórica nicaragüense, elementos de cuidado personal como cremas de peinar, cepillos de dientes y espejos, además tazas de café, cuadernos de apuntes personales, rótulos de frases, emblemas de automóviles, abrigos, sombrillas y muchas cosas más ordinarias y cotidianas que encontraríamos en cualquier hogar.

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¿QUÉ PASARÍA SI EXISTIRÍA UN SIGNIFICADO DIFERENTE Y DESCONOCIDO QUE SE OMITE, DENTRO DE LOS PRISMAS RECTANGULARES VIGILANTES, TAN FAMILIAR Y ORDINARIO EN LA COTIDIANIDAD DE LOS HABITANTES?  

Las casetas de guardas son objetos cotidianos del día a día, a cualquier lugar que se vaya, sea el lugar donde se viva, se estudie o se trabaje, ahí están, son omnipresentes, todas las personas las ven y algunas se han “desarrollado” y se han apoderado de otras tareas.

Estos espacios de seguridad dependen de su contexto y sin lugar a dudas son su refejo, entonces, si nos ubicamos en un contexto institucional, como lo es una universidad pública, la caseta del guarda sigue evolucionando y adquiriendo funciones, pues otra lectura que se les atañe es la de puestos de información y ubicación, en estos casos localizándose en puntos de encuentro de las personas, ya no buscan emular su entorno inmediato, más bien resaltar como pequeñas odas a la seguridad.

La seguridad… es la función “visual” que cumplen estas, todos sabemos qué significan. Las casetas se realizan con el ideal de cumplir con la prevención de la delincuencia, las cuales pretenden tener un control de los accesos, esto mediante la utilización de elementos arquitectónicos que permitan percibir que un área cuenta con un usuario específico en un acceso espacial determinado; también, incrementar la vigilancia partiendo de una mayor visibilidad sobre el espacio en puntos estratégicos del lugar.

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¿QUÉ PASARÍA SI CON SOLO  AÑADIRLE AL PRISMA RECTANGULAR VIGILANTE UN ELEMENTO HORIZONTAL, QUE SEMEJA UNA AGUJA, ME IMPIDE MENTALMENTE ENTRAR A UN LUGAR?  

Las casetas de seguridad empezaron a ser una necesidad reciente y a planearse según tal, incorporando nuevos elementos, ya que no es importante si el espacio del guarda de seguridad aporta programáticamente al un espacio, se   construyen dándolas por sentado, y ejemplo de esto es el reto contemporáneo de encontrar una comunidad cerrada, las llamadas , gatedcomunities sin ver una a su entrada.

Este modelo de residencia ya tiene de por si tiene inscritas gran afinidad de elementos que generan segregación social económica, como lo son las barreras, las verjas, el precio del terreno, pero las casetas en su entrada sin lugar a duda es uno de   los más notorios, o por lo menos debería serlo. Y es aquí, en las entradas a estas urbanizaciones o condominios cerrados donde el rol de vigilancia muta hacia un rol de control más tangible, pues con las agujas de control de acceso, añadidas a la caseta,   este elemento ya no solo vigila sino que decide quien ingresa y quien no a un lugar determinado, a pesar de ser todos de carácter público y de la misma forma sus características físicas evolucionan, ya estas cuenta con una total mímesis de su entorno, por ejemplo si el condominio establece las tan apetecibles en el mercado casas coloniales, la morada del guarda de seguridad será una casa colonial miniatura, al fin de parecer una mini casita donde su exterior es impecable visualmente, al igual que su contexto.

*Karen Fonseca Rodríguez y Mariana García León son estudiantes activas de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica.

“¿Qué pasaría si…?” ha sido publicado en La Ciudad Paralela en tres partes, la primera sobre la casetilla como resultado de la percepción de inseguridad, la segunda (ésta) sobre especulaciones a partir de las casetillas de guardas, y una última que presenta dichos objetos como problema arquitectónico.

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