Ornamento y reinterpretación en la arquitectura residencial costarricense

by anitaguzfer on 3 septiembre, 2013 · 0 comments

in arquitectura costarricense, ornamento, reinterpretación estética

Cuando se habla de una estética local en la construcción, he de decir que llama la atención lo que sucedió en las últimas décadas del siglo XX en la arquitectura residencial de nuestras ciudades de provincia, previa a lo que vendría después conocido como “rostipollismo”; una búsqueda de formas estilísticas del pasado reinterpretadas con sello propio, que si bien muchas veces la inspiración se vuelve difícil de deducir, se encuentran patrones que denotan tendencias que encontramos por todas partes a las cuales no podemos ser indiferentes.

Esta entrada busca compartir algunos de esos pequeños descubrimientos respecto de patrones encontrados a lo largo de varios meses de observar la calle con ese filtro, y especular un poco sobre lo que ellos mismos comunican.

estructura ornamental

estructura ornamental

 

El primer hallazgo consiste en la tipología de vivienda en donde el garaje se vuelve umbral del hogar, siendo este abierto, cubierto por un techo sostenido por un gran apoyo ornamental que se vuelve el gesto principal de la fachada. Sigue la lógica estructural de llevar las cargas a un punto central, pero de una manera escultórica y extravagante como recurso expresivo de la técnica y la construcción. Si bien existe gran cantidad de versiones de esta tipología que van desde el gesto más conservador hasta lo más ecléctico, la fórmula mantiene el apoyo central, el acceso vehicular hacia ambas direcciones, ya sea entre colindancias o esquinero y una particularidad más: la ausencia del miedo. La libertad de dejar el vehículo prácticamente a la intemperie, a vista y paciencia de quien viviera al frente reflejado en la solución constructiva abierta, nos remonta a un contexto socio-cultural previo al urbanismo del miedo y la paranoia sobre la inseguridad como principal patología constructiva a raíz de la percepción negativa de la ciudad. Estas soluciones de barrio propiamente dichas, previos a las agujas de seguridad y a los consensos vecinales sobre la rigurosidad y homogeneidad estética, permitían la ornamentación como recurso de personalización de la vivienda, dando mayor libertad a la originalidad y comunicación estética.

rombos

rombos

Si me preguntaran por un lenguaje estético realmente local, diría los rombos. Todos, si intentan recordar, han visto algún rombo rezagado protagonizando alguna fachada poco trascendente en barrios comunes de cualquier ciudad de este país. Los hay para todos los gustos, sobre paredes lisas con textura “pringada”, en colores llamativos en contraste con la pared de fondo, de pie, acostados, en pares o impares… Y en rejas, la variedad se vuelve infinita; sólidos, en contorno, con colochos, sin colochos, en pequeña escala como apliqué decorativo, o en grandes escalas como patrón lineal de un portón (negro en un 99.9% de las veces). Los rombos están por todas partes si se les presta atención, pero lo que aún no logro descifrar, es de dónde vienen tantos rombos en tan variadas presentaciones, y por qué fueron tan populares en nuestros barrios urbanos como solución estética. Agradecería cualquier aporte a estas preguntas, que puedan complementar la curiosidad.

 

esferas

esferas

Por último para esta ocasión, presento otra tendencia de nuestra propia invención para arquitectura residencial de clase media; una reinterpretación ya no como referencia a un pasado europeo, sino a un pasado de nuestras latitudes, cuya interpretación formal es literal, sin embargo adopta funciones impresionantes a nivel estético y constructivo: la esfera.

Era común en viviendas acaudaladas de principios del siglo pasado, el uso de esferas prehispánicas (originales o no) como elementos ornamentales en los jardines, incluso en el Paseo Colón quedan algunas de estas visibles desde la calle. Esta reinterpretación de la que hablamos aquí no emplea la esfera precolombina como objeto ornamental en sí, sino que le concede la función de estructura de una manera dramática, llegando incluso a conformar lo que me gusta llamar la esfera-columna. Una vez más, el ingenio creador dota de variedad a esta tendencia, y las vemos desde pequeñas esferas sobre columnas de concreto y barandal de metal (que algunas curiosamente tienen una sutil impresión de balón de fútbol, no sé si lo han notado), otras de mediana escala recibiendo cargas de columnas en balcones, y las más atrevidas, las esfera-columnas que llegan a alcanzar incluso el tamaño de una persona, adquiriendo el papel de estructura principal.

En lo personal, esta tendencia me llama poderosamente la atención, y me surgen dudas sobre la materialidad de esos elementos, sobre todo los de mediana y gran escala, cómo serán constructivamente por dentro, qué motivó a los aspirantes de estas casas, a elegir este elemento en particular como rigor estético, qué querían comunicar con las esferas.

En conclusión,  la estética en la construcción local no se vio exenta de lo que acontecía en el resto del mundo, la posmodernidad trajo consigo una colisión estilística tras un período largo de carestía ornamental inducida. Dudo de que el movimiento moderno haya realmente llegado tal cual al grueso del sector residencial de nuestro país, ya que como en entradas anteriores relatamos por este medio, siempre existió ornamento, aun cuando fuera éste una burda reja, siembre se manifestó la necesidad de comunicar, y esta necesidad encontró riendas sueltas a la creatividad y el ingenio, en este período de libertad (y a ratos libertinaje) estilística permitida. Años después, tras la paranoia del miedo que da lugar al urbanismo del miedo y las “gated comunities”, el ornamento y la libertad de personalizar las viviendas, vuelve a un período de recesión, y aceptamos voluntariamente vivir bajo un esquema impersonal, para lo cual nos queda el deleite de este período de euforia ornamental.

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