Por Laura Paniagua Arguedas*

Arte callejero en la Plaza de la Cultura

Arte callejero en la Plaza de la Cultura

 

En días recientes se ha desatado una polémica e indignación ante la acción de la policía municipal en San José al restringir la presentación de músicos en las calles de la capital.

¿Quién no ha pasado por San José y se ha quedado atrapado en alguna melodía que le evoca recuerdos o simplemente le capturó la atención en su vaivén? En no pocas oportunidades he visto cómo grupos o solistas se ubican en algún espacio de una avenida o calle y con su música deleitan el oído de quienes se dirigen a sus casas o trabajos y se detienen a disfrutar del momento. Algunas personas solo escuchan y observan, otras se dejan llevar por la emoción y hasta bailan. Lo cierto es que solo un municipio que se encuentra distante de la experiencia vital de sus habitantes podría ocurrírsele expulsar del espacio público estas expresiones artísticas.

Prohibido expresarse

Se prohíbe la expresión espontánea del arte en las calles y esto no se ve como una bofetada a la libertad de expresión. ¿Por qué permitimos como ciudadanía que se silencie la expresión popular y el arte callejero?

El Municipio ha declarado que se requiere un permiso para realizar este tipo de actividades. Con ello, no solo se impone una restricción que no tiene razonabilidad dada la corta duración de las presentaciones, sino, principalmente, se burocratiza la vida cotidiana.

Los “argumentos” para la prohibición de actividades, dados por las autoridades, nos brindan un terreno propicio para la reflexión. Son simplemente dos: 1) Contaminación sónica ante quejas de hoteles y comercios, y 2) Obstrucción del libre tránsito. Respecto a la contaminación sónica, ¿por qué la Municipalidad de San José se preocupa por la música de presentación y no regula los vehículos y puestos de diferentes empresas de telefónicas que se colocan en calles, aceras y paradas de autobús con parlantes y música a todo volumen? En todo caso, si existen comercios que se quejan, por qué no generar espacios de tolerancia para las actividades artísticas, claramente delimitados, en los cuales sea posible la realización libre de estas actividades.

¿Por qué a la Municipalidad de San José le preocupa el libre tránsito y ni se entera de que todos los días existen personas que se doblan los tobillos o se caen en las aceras en pésimo estado o sufren al pasar por unas carreteras llenas de huecos? Si tan preocupado está el municipio ¿por qué nada ocurre con los taxistas que se estacionan en zona amarilla o que suelen parquear en las paradas de autobuses en búsqueda de clientes? Y si le preocupa un tránsito libre, ¿por qué no generan iniciativas que sancionen el acoso callejero que enfrentan las mujeres al pasar por la ciudad?

Probablemente nos dirán que estas cuestiones no le incumben a la Municipalidad, sino a diferentes instituciones estatales, sin embargo, un gobierno local que se respete debería atender todas las dimensiones que afecten la vida y el bienestar de su población y de la de sus visitantes, no solamente limitarse a asuntos regulatorios y burocráticos.

Ahora bien ¿qué ocurre con una sociedad que prohíbe toda expresión artística, espontánea, libre, de pequeña escala? ¿hacia dónde nos dirigimos con sociedades que privatizan todo intercambio entre seres humanos?

¿Brinda el suficiente espacio el municipio para actividades que no sean promovidas por instituciones públicas o iniciativa privada? Nuestra impresión es que la burocratización está atropellando al arte, y, más grave aún, violentando las múltiples formas de expresión artística que puede ofrecer una ciudad desde su diversidad de poblaciones y puntos de vista que la habitan.

Esto también conduce a una homogenización cultural en la oferta, en la forma y en la promoción del arte como un producto comercial. Parece ser que las actividades artísticas que al Municipio le interesan son las que se acercan a la estética y propuesta del Festival de la luz o los festejos de fin de año. No nos parece casual que el Carnaval, una de las formas más pintorescas y haya desaparecido. El “arte con permiso” no siempre responde al principio fundamental de promover en el ser humano la reflexión, la alegría y la transformación.

El otro riesgo es el asunto de convertir los espacios en un pasajero punto de confluencia. La moda “Chepe” o “Chepe de moda” incluye una serie de imágenes sobre San José que olvidan a las personas que día a día lo usan, lo sufren y lo recrean. Consiste en actividades que impulsan una mirada superficial sobre la ciudad y se anclan en el turismo urbano, que no tiene nada de malo, si no se limita solo a los barrios exclusivos del antiguo San José. Tampoco tendrían nada de malo si en un mismo espacio generan ambientes y locales que atraigan a las diferentes clases sociales y a grupos variados de poblaciones, sin que el costo de lo que se ofrece sea una barrera y más bien un motor de exclusión. Un claro ejemplo lo es el Plan de Renovación Urbana de Escalante.

En defensa de la música y el arte callejero: público, libre, accesible

Una ciudad que respeta al ser humano es la que le brinda como peatón una experiencia de bienestar en su cotidianeidad, como un elemento básico. Transitar, trabajar, viajar, turistear, comer, sentir, y mil acciones más que puedan realizar las personas en los espacios urbanos, deben ser momentos si no placenteros, por los menos dignificantes. De allí la importancia de nuestro compromiso con la presión hacia el cumplimiento y respeto a los derechos y al disfrute democrático y sin discriminación de las ciudades. Protección de las expresiones artísticas urbanas

La música es fundamental para el ser humano. Aleja el estrés, brinda esparcimiento y alegra el corazón. Tiene importantes efectos sobre la salud y el estado de ánimo y basta ver el interés que muestran las personas en aprovechar cualquier oportunidad para disfrutarla, para concluir que el arte callejero debe ser una opción pública, libre y accesible.

Las dificultades que tienen artistas callejeros y personas que comparten su música en Costa Rica llaman poderosamente la atención en tiempos en los que a nivel mundial la oferta cultural ha traspasado las paredes de los teatros y museos, y encuentra en lugares públicos abiertos un espacio de democratización.

Son múltiples experiencias en diferentes ciudades del mundo, por citar tan solo tres ejemplos en Latinoamérica, Lima, Bogotá o Quito, en las cuales la actividad en el espacio público no solo tiene un lugar sino un reconocimiento como promotor cultural y de aporte a la salud.

Tenemos al frente un gran reto. Por una parte, brindar su justa dimensión política a los atropellos que se hacen al ser humano en su apropiación del territorio y, por otra, invitar a nuestros municipios a tener protagonismos más creativos en las propuestas de ciudad que implican la humanización de los espacios, perceptibles a través de todos los sentidos.

 

* Docente e investigadora. Trabaja en el Instituto de Investigaciones Sociales y en las Escuelas de Arquitectura y Sociología de la Universidad de Costa Rica.

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santiago coto febrero 26, 2015 a las 23:35

Que bueno que la indignación se eleve: Art 1 Código Municipal_ ,,, el Municipio constituido por la ciudadanía delega la administración de sus intereses en la Municipalidad. Acaso los gendarmes (de Alabahama) pretenden imponerse a Juanito Mortadela ? Lo de fondo es eso: represión imperial!

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