dirección-performance

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“By their performances ye shall know them”

Victor Turner

El tema de las direcciones en Costa Rica es un tema que poco a poco hemos ido decantando y arrojando algunas ideas sobre la construcción social de los puntos de referencia y lo que implican en la manera en que entendemos la ciudad, mientras ésta se transforma física y simbólicamente.

Quiero exponer aquí un aspecto de esa práctica cotidiana del que poco o nada se ha hablado, y es en primera instancia su naturaleza oral, por ende efímera y espontánea, y también su carácter performativo.

Zoológico Simón Bolívar: “Para ver… no, tiene que subir aquí y agarra para allá. Está como de aquél lado del parque (España), de ahí tiene que ir bajando. Si usted se va, sube aquí y cruza, llega a aquél parque y ya ahí la guían mejor. Pregunte, es de aquél lado, porque tiene que ir bajando”.  (Anónimo, comunicación personal, 22 de agosto, 2014)

Si bien la oralidad de las direcciones es su esencia, como ejemplifica este caso, no siempre es suficiente para dar con un destino, menos aún si se lee el texto aislado de la situación. Falta el ademán (acción) que acompañó en el instante el “aquí”, “allá”, “aquél” (mensaje). En ese momento, el ademán se vuelve crucial para entender si se refiere a la derecha, a la izquierda, cuál lado del parque, y hacia dónde se refiere con “subir” o “bajar”. El ademán se vuelve aún más relevante y necesario en el siguiente caso:

Parada de buses de Tibás: “300 y 200… 300 más bien. 300 y 300”. (Anónimo, comunicación personal, 22 de agosto, 2014)

Sin hacerse acompañar del ademán (acción), esa dirección no tiene ningún sentido. Con el ademán y el lenguaje corporal, se complementa y cobra el sentido. Una dirección en Costa Rica se da a través de la oralidad, la evocación del espacio y las referencias, acompañadas de la gestualidad, la entonación, el movimiento, la postura corporal, las pausas; los ademanes propios de la expresión humana, y es por eso que puede estudiarse como un performance.

Los estudios de performance nacen desde la escuela de las artes dramáticas con la necesidad de llevar el concepto de ´escenario´ y de ´interpretación´ teatral a otros campos del conocimiento y del quehacer humano, partiendo de la premisa de que toda realidad social está basada en hechos, acciones, comportamientos, rituales aprendidos a través de la transmisión de los valores culturales de cada sociedad. La manera en que damos direcciones no es una excepción. Son comportamientos que conforman un lenguaje oral, gestual y corporal específico que hemos aprendido inconscientemente tal cual se adquiere la cultura a la que pertenecemos.

Según Richard Schechner, un performance es cualquier comportamiento que ha sido previamente ensayado en un proceso de construcción social a través de la repetición de las prácticas, que han sido aprendidas de manera inconsciente, para finalmente, en un instante espontáneo e imprevisto, como lo es cuando se nos pregunta en la calle dónde queda un lugar, saltar “al aire” y protagonizar, con los recursos del habla y del cuerpo, el relato de viaje que lo llevará hacia el destino.

We act better than we know how.

We too are taken in by the show.

Ervin Goffman

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Elementos de las direcciones como actos performativos

Los estudios sobre el performance tienen como objeto de interés el comportamiento (expresión/lenguaje corporal para comunicar) que ha sido aprendido, ensayado (socialmente hablando) y puesto en práctica en la cotidianidad. Las inquietudes se interesan en las circunstancias que dan lugar a un performance particular, cuál es su estructura, las relaciones que provoca, los efectos que tiene en una sociedad y los procesos de cambio o evolución a lo largo del tiempo, por mencionar algunas interrogantes.

El escenario es lo primero. Lo que antecede a todo acto performativo. Turner y Schechner plantean un escenario más allá del teatro como concepto clásico,  o los “social drama” (rituales propios de una cultura particular) como los rituales religiosos o los deportes. Abogan más por la teatralidad de la vida cotidiana y el concepto de ´theatrum mundi´ de William Shakespeare, en el que “todo el mundo es un escenario” en donde hasta lo mundano, las escenas diarias, los hábitos y lo ordinario, son maneras de performance. Nos interesa particularmente el escenario de lo público, del espacio urbano, donde se circunscriben las direcciones como relatos cotidianos, y las referencias urbanas evocadas en las direcciones.

Todo performance tiene un protagonista y una audiencia o espectador. El espectador provoca el acto performativo con el argumento: un destino desconocido al cual necesita averiguar cómo llegar, cerca o lejos. Al preguntársele al protagonista (quien ejerce el performance) cómo llegar a ese destino, éste asume lo que el autor llama un “frente” (a front), que no es otra cosa que la actitud o postura que ejerce el protagonista para convencer a su audiencia de que lo que dice es certero (sea esto cierto o no). Quizás sea este “frente” o arte de la persuasión la razón por la cual en Costa Rica rara vez se dice no saber dónde queda un lugar; casi siempre se opta por performar una dirección aunque no se esté del todo claro sobre la ubicación, lo que produce gran inexactitud entre la dirección dada y el destino real. Las direcciones locales se basan en la aproximación, no en la certidumbre.

El protagonista no sólo emite la dirección, sino que la acompaña de movimientos, ademanes y expresiones corporales que terminan de componer el sentido de la oralidad: protagoniza una dirección-performance.

Parada de buses de Desamparados: “Allá (señala) quedan en el parque de las Garantías, por la Caja. De aquí son 100… 200… sí, 300 metros y después para allá (ademán con el cuerpo) 100. Ahí está el parque, calle Fallas”. (Anónimo, comunicación personal, 22 de agosto, 2014).

De esta manera, el performance se compone de la emisión del mensaje oral, evocador de los objetos urbano-arquitectónicos que conforman el sistema de referencias de la ciudad, acompañado del lenguaje corporal, es decir, la acción gestual espacializante que completa el sentido de la dirección-performance.

Además, se debe considerar que el espectador, es decir, quien se acerca a otra persona en busca de orientación, parte del hecho de que el otro sabe dónde queda el destino, sobre todo tras recibir de éste un performance persuasivo. Es por eso que la relación entre protagonista y espectador es una relación basada en la confianza. Así, el espectador es parte de lo que el autor llama un “believing audience”: al desconocer el destino, no le queda otra opción que confiar en la información suministrada, bajo riesgo de perderse.

Cabe destacar aquí que los elementos que componen la dirección-performance, así como su condición de rito cotidiano, no han cambiado significativamente según se ha podido constatar a lo largo de la revisión histórica del fenómeno en la ciudad de San José. Es un rasgo cultural de la sociedad costarricense que permanece como conducta comunicativa propia, aprendida y transmitida, como un “social drama” o rito propio de la naturaleza del ser costarricense, que no ha podido modificarse a pesar de las intenciones y esfuerzos municipales.

La dirección-performance ha persistido; lo que cambia son las referencias urbanas paralelas al proceso de transformación de la ciudad.

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