La Vivienda que Construye Ciudad

by Invitado on 17 noviembre, 2014 · 0 comments

in arquitectura costarricense, ciudad, Gestión Urbana, Habitabilidad, San José - Costa Rica

Por Isaac Salgado Ramírez*

La Ciudad Paralela - Vivienda INVU Ciudad 3

En nuestro país, se entiende la vivienda de interés social como la que se construye con subsidio del estado, que tiene un bajo costo y es dirigida a una población de bajos recursos. Esta forma de entenderlo genera grandes sesgos y limita las posibilidades que tiene la vivienda de interés social en la construcción de la ciudad y de los asentamientos humanos. De igual forma esta manera de entenderlo provoca que la inversión del estado no sea la más efectiva. Es por esta razón que no se debe enfocar una política de vivienda y su relación con el territorio desde los aspectos económicos, sino que los aspectos económicos deben responder a la situación socioespacial del país.

Desde la creación del Sistema Nacional Financiero para la Vivienda, el Estado Costarricense, en consonancia con lo estipulado por las Agendas Hábitat de la Organización de Naciones Unidas, ha enfocado el problema de la vivienda desde la idea de un déficit generado por la relación que existe entre la condición socioeconómica de un sector de la población y el costo de la vivienda, traducido en el acceso a la misma. A partir de esto se ha pensado que este déficit se puede disminuir al facilitar el acceso a la vivienda, desde la construcción de soluciones más económicas (para optimizar la inversión) y con la dotación de subsidios para este sector de la población.

Es importante destacar que es un logro del Estado Costarricense haber reconocido que existe un sector de la población que no podría acceder a la vivienda digna sin su intervención, pero a la vez, este enfoque poblacional ha generado una serie de problemas asociados a la incapacidad que tiene la vivienda por sí sola de mejorar la condición socioeconómica de las personas y  a la concentración de la pobreza en zonas homogéneas del territorio.

La inversión realizada por el Estado en este período no ha sido eficaz. El parque habitacional se ha deteriorado y el déficit en lugar de disminuir se ha aumentado, a la vez que la pobreza no se ha reducido por consecuencia de la construcción de vivienda de interés social. Una de las mayores afectaciones ha sido la inexistencia de servicios urbanos básicos y equipamientos sociales. Raquel Rolnik, ex relatora de vivienda de ONU-Habitat, indicó en varios de sus informes que el problema latinoamericano no es un problema de déficit de vivienda, sino un problema de déficit de ciudad. En este panorama el Estado ha tenido que invertir nuevamente en estas zonas, en servicios urbanos básicos en los cuales desde un inicio tuvo que haber invertido, lo que a la larga sale más caro. Pero también ha tenido que subsidiar la cotidianidad, es decir, apoyar a esta población con subsidios adicionales para la educación, la alimentación, la salud, la seguridad entre otros. Este subsidio a la cotidianidad representa un gasto adicional producto de los problemas que la misma inversión generó.

En otras palabras, la inversión del estado en vivienda, en lugar de disminuir el déficit cuantitativo, generó un déficit cualitativo, reflejado en el deterioro, y a la vez generó gasto social adicional con un efecto meramente paliativo.

En este sentido se vuelve necesario cuestionar si el fin de la vivienda de interés social de mejorar la calidad de vida de la población se ha perdido y si más bien la vivienda se ha convertido en un fin en sí mismo, que no se diferencia de la vivienda que produce el mercado. La vivienda de interés social debe ser un medio para mejorar las condiciones socioeconómicas e incidir en la satisfacción de vida de las personas. Por tanto se debe lograr un equilibrio entre la inversión en vivienda y servicios urbanos y equipamientos sociales e inversión social preventiva.

Es importante en este punto destacar, que estos problemas generados por la inversión ineficaz de la vivienda, tienen que ver con variable territoriales que nunca se han considerado en el enfoque poblacional del déficit de vivienda. Es decir, el problema de vivienda no solo tiene que ver con la condición socioeconómica de las personas, sino con el entorno en donde se ubica la vivienda, y con el costo que representa ubicarla.

En otras palabras, el problema del déficit tiene que ver con la condición socioeconómica de las personas y que el acceso a la vivienda está determinado no solo con el costo de la misma, sino con el costo del suelo en donde se va a construir y con las condiciones del entorno. En este sentido es necesario que metodológicamente se puedan asociar variables poblacionales y variables territoriales. Si bien es cierto, la noción de ingreso puede ser limitada, se podría utilizar como base para relacionar estas variables. Es decir, al enfoque poblacional que prioriza un sector de la población con base en su ingreso, se le pueden agregar variables territoriales, a partir de la incidencia que el costo del suelo y las condiciones del entorno tienen en el ingreso de las personas.

A partir del enfoque de precios hedónicos se pueden establecer relaciones entre el costo de la vivienda y los factores territoriales asociados a esta .Dicho enfoque reconoce que la vivienda es un objeto social, pues su valor depende de un paquete de características que son asignadas según las representaciones sociales que las personas tiene sobre la vivienda. Es decir, la vivienda es un bien heterogéneo. A partir de esta idea se pueden desagregar estas características y asignárseles un valor relacionado al precio de la vivienda. Estas características se pueden leer, entonces, como valores marginales que inciden positiva o negativamente en el ingreso de quienes habitan o habitarán esa vivienda.

El enfoque de precios hedónicos es utilizado por economistas, entre otros, para calcular si una amenidad urbana está influyendo negativa o positivamente sobre el valor de la propiedad o sobre el gasto que supone al usuario tener acceso a la misma. Para determinar esto, se evalúan los distintos aspectos a los que la gente da prioridad al buscar dónde vivir. Esto resulta en la definición de valores marginales correspondientes a la carga económica que implica la posibilidad y la facilidad de acceder a dichas amenidades.

La Ciudad Paralela - Vivienda INVU Ciudad 1

A pesar de que el grado de influencia de los valores marginales varía según la ubicación geográfica y valoración o prioridad que le dan las distintas sociedades a las distintas amenidades, hay estudios que demuestran que existen amenidades urbanas que contribuyen a la satisfacción y al mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, sin aumentar los valores de la propiedad. Esto resulta idóneo en intervenciones en contextos barriales donde se espera que la población no se vea desplazada, en contraposición a intervenciones enfocadas en el intercambio de bienes y servicios, que resultan en el aumento del valor de la tierra.

El tipo de proyectos que se determinan en estos estudios que no inciden en el valor de las viviendas, corresponde a aquellos relacionados a cultura, educación, salud, socialización y desarrollo personal. Estos provocan valores marginales positivos sobre el ingreso de los residentes; reducen los costos de la población para este tipo de servicios y además corresponden a actividades catalizadoras de procesos sociales que mejoran las condiciones de satisfacción.

Al mismo tiempo, es pertinente utilizar el enfoque de Satisfacción de Vida (Life Satisfaction Approach) pues propone utilizar mecanismos de consulta a la población, como medio para determinar las prioridades de las personas y así enfocar las políticas públicas de intervención al territorio de forma que genere un efecto positivo en las comunidades. Bajo este enfoque se definen entonces dos variables: Calidad de Vida Urbana (CVU) y Calidad de la Vivienda (CV). La primera corresponde a aquellas condiciones físicas y sociales presentes en el entorno barrial-urbano a las que la gente establece como relevantes. La segunda se refiere a la calidad y posibilidades que brinda la vivienda al habitante para desarrollarse plenamente.

Al separar ambas variables, se concluye que el mejoramiento de la CVU incide más sobre la economía familiar, lo cual pone en duda la efectividad de la inversión pública tradicional, que se ha enfocado en dar solamente soluciones de vivienda. Esto ha llevado a que a pesar de contar con condiciones de vivienda relativamente aptas, el costo que implica el uso y acceso a amenidades urbanas que contribuyan al desarrollo personal es mayor que en lugares con una CVU alta, donde se contempló el uso mixto del suelo y la interacción en el espacio público. Dicho costo implica un freno a los procesos de mejoramiento económico y de movilidad social en los barrios, por lo que al final resulta en sectores más necesitados de asistencia e inversión social.

En otras palabras, un proyecto de vivienda que incorpora las variables territoriales en la definición del problema, conceptualiza la vivienda como un objeto complejo. A la vez, determina sus características y cómo estas afectan el ingreso de las personas. La propuesta iría encaminada no solo a subsidiar el costo de la vivienda, sino en generar valores marginales positivos, a partir de aquellos aspectos territoriales que incidirían en el ingreso y por lo tanto se podría aumentar el acceso, ya sea por el incremento de la capacidad de endeudamiento o por alivianar los impactos de las condiciones del entorno en el mediano plazo.

Como se describió anteriormente, estas características que pueden convertirse en valores marginales positivos, dependen de una consulta previa para determinar la importancia que las personas les asignan, y por lo tanto van a tener mayor incidencia en el ingreso. Pero se pueden determinar algunas que estudios previos coinciden que son importantes en este enfoque:

  1. Facilidad de movilidad a fuentes de empleo en transporte público: que tiene que ver con la localización de la vivienda, la cantidad de trasbordos y el costo mismo.
  2. Existencia de equipamientos para la recreación y el deporte: que tienen que ver con la ubicación de la vivienda y el costo de utilización de los mismos.
  3. Facilitación del cuido: que tiene que ver el costo del mismo y en el mediano plazo en el mejoramiento de la empleabilidad.
  4. Cercanía a equipamientos de educación: que tiene que ver con la ubicación de la vivienda, el costo de transporte hasta los mismos y el mejoramiento de la empleabilidad
  5. Facilitación de la cotidianidad: que tiene que ver con la existencia de servicios comerciales y gubernamentales en distancias caminables desde la vivienda
  6. Entorno seguro: que tiene que ver con el costo de seguridad privada y la permanencia a largo plazo en el lugar.

Para esto, la propuesta de vivienda debe construir además de las unidades de vivienda mismas, un porcentaje de equipamientos sociales y un espacio de soporte económico que pueda ofrecer mejoras en la empleabilidad, la empresariedad y el emprendedurismo. De esta manera el Estado invertiría en vivienda como lo ha venido haciendo, pero también invertiría en servicios urbanos y equipamientos sociales desde el inicio, lo que supone mayor eficacia de la inversión y generaría inversión social en capacitación y desarrollo, revirtiendo la situación inicial de inversión deteriorada por no mantenimiento de vivienda, inversión mayor de la debida por deterioro del territorio de servicios urbanos y equipamientos sociales y gasto social paliativo.

La Ciudad Paralela - Vivienda INVU Ciudad 2

*Arquitecto, docente e investigador, miembro del Grupo de Estudios Urbanos (GEU) de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica. Graduado de esta universidad y egresado de la Maestría en Vivienda y Equipamiento Social. Ha sido parte del Grupo de trabajo sobre hábitat popular e inclusión social del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Es especialista en temas de hábitat popular, vivienda y equipamiento social, hábitat y género y mejoramiento barrial.

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