Irreverencias emocionales en la ciudad

Irreverencias emocionales en la ciudad 1 - La Ciudad Paralela

Circular, ya sea por el espacio público de la calle o de las redes sociales, emana una necesidad generalizada por romper las reglas de lo estricto y dejarse llevar más por una irreverencia inocente que predica hacer lo que nos mueve, más allá de lo que la sociedad ha dicho que es lo correcto. Los medios publicitarios emplean los principios de esta revolución emocional, tratando de llegar a las fibras más sensibles de las personas, para tratar de que un producto sea comprado no por su calidad, sino porque su concepto lo remonta a su más remota infancia, o porque lo hace pensar “¡sí, a mi me ha pasado!”, y crea un vínculo afectivo hacia la marca o el producto.

La ciudad como objeto de consumo y escenario directo de las prácticas sociales, se ve también matizada de estas irreverencias emocionales, que de un tiempo para acá, llenan los rincones más abandonados y desteñidos con mensajes silenciosos, absurdos en cada esquina, trazos de justicieros de sonrisas e identificación instantánea con extraños sin nombre.

Considero que esto es una verdadera revolución, está por todas partes y llegó para quedarse. Es un movimiento desapercibido que se transmite por las redes del anonimato y utiliza como medio expresivo las hendijas, pliegues, puntos de quiebre, recovecos incómodos de la ciudad, y desde ahí, aguardan la alineación perfecta de la mirada sorpresiva del espectador, que a lo largo de una perspectiva casi imposible, lo sorprende con un mensaje de estos, y se flecha así, una victoria más de la revolución.

Irreverencias emocionales en la ciudad 2 - La Ciudad Paralela

Este movimiento se ha consolidado en los planos de la ciudad a través del arte urbano, que guarda implícito un sentido de clandestinidad inherente, y un absoluto anonimato, que consolida así, la función social que tienen las paredes y rincones en abandono como medios de expresión para manifestar los principios que nos mueven como sociedad; una sociedad que quiere reivindicar su espacio en la ciudad, ya no dentro de las políticas en sepia ajenas a la realidad emocional de los ciudadanos, sino a las nuevas maneras en que la gente está demandando ser apropiada la ciudad.

Por eso es que de la nada alzamos a ver una hamaca colgando de un árbol dentro de un campus universitario o un parque en el centro histórico de la ciudad, seduciéndonos a ser niños de nuevo en saco y corbata. Aunque también, la espontaneidad de estos mensajes ha sido impulsada por iniciativas de toma de la ciudad, que han invitado a las personas a ser parte de este movimiento de una manera consciente y masiva, como el proyecto 100 en 1 Día que se realizó en San José el pasado 20 de abril como parte de una iniciativa mayor que nació en la ciudad de Bogotá desde el 2012, y que se replicó en el contexto local San José. Fue esta ocasión, una buena oportunidad para ver la ciudad fuera de su contexto tradicional, y ver por el contrario en cada rincón una versión diferente de lo que la gente quiere para su ciudad.

Irreverencias emocionales en la ciudad 3 - La Ciudad Paralela

Los sueños y aspiraciones de las personas ese día iban desde serenatas en la esquina, pic-nics en plazas urbanas, el deseo por más sombra de árboles y menos jungla de concreto, hula-hulas, futbolines y mesas de ping-pong en los parques, el reclamo del imaginario del Paseo de los Estudiantes que ha sido tomado por un Barrio Chino con poca aceptación popular, entre muchísimas otras. Sin duda, una consulta popular con una estrategia de participación alternativa de fondo, que como resultado trae un semillero de ideas que, con algo de imaginación, se podría traducir a políticas de intervención a la ciudad, con una mayor garantía de aceptación pública.

¿Qué nos dice hoy la ciudad?

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Sobre la vivienda en altura en San José Micro-arquitecturas en el centro de San José

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