Ir al mall es divertido ( y no es pecado )

by Diego Chávez Vargas on 28 marzo, 2014 · 1 comment

in Espacio Público, fenómenos urbanos, Mall, referentes urbanos, San José - Costa Rica

Ir al mall es divertido y no es pecado

Niños jugando en una piscina en medio de Multiplaza Escazú; una cancha de fútbol en medio mall. Si bien se trataba de una exhibición de productos,  fuimos testigos de un escenario exagerado de lo que ya sucede normalmente en muchos centros comerciales. El mall es un playground; los niños van al mall a jugar mientras sus padres compran. Además en el mall hay seguridad (se supone) y control climático. Ésto ha derivado en una excelente estrategia comercial que desde hace décadas ha sido exitosa para atraer clientes: entretener en un ambiente controlado para luego vender.

No es algo nuevo, de hecho ya lleva rato. Muchos recordarán los playgrounds de algunos restaurantes de comidas rápidas y cómo consumirse en la “piscina” de bolas plásticas o subir una red de mecates para luego bajar resbalado por un tubo eran lo mejor de ir a esos lugares. Muchos recordarán haberle pedido a sus padres que los llevaran a jugar a ese lugar. Eso implicaba al menos un adulto comiendo mientras los niños jugaban encerrados, además de los posteriores antojos infantiles (juguete incluido).

El mall aprendió de las comidas rápidas, y llevó el entretenimiento como gancho comercial a otro nivel; ir al mall se convirtió para muchos en un paseo. El mall adoptó programas que habían sido exitososos en los centros de ciudad. Se incorporaron áreas de eventos, cines, salas de juegos para niños/adolescentes, bares, e incluso discotecas, sin olvidar a los más pequeños replicando playgrounds e incorporando atracciones como “trencitos” que recorren pasillos. Incluso en los últimos años, centros comerciales costarricenses han incorporado espacios para las artes plásticas. Con esto se logró lo que la ciudad ya había logrado  y que explica el éxito del comercio en ella: ataer personas y lograr que permanezcan. Eso de alguna u otra manera lleva al consumo.

Lo anterior no implica que todos compren. Según El Financiero, en Costa Rica un 50% de los que van a algún mall admiten no ir a comprar sino a pasear. Más asombroso puede resultar que un 92% de quienes viven en el Gran Área Metropolitana va regularmente a un mall, y por lo tanto constituye la principal actividadad de entretenimiento entre la población adulta. En otro estudio elaborado también por El Financiero, se afirma que entre más edad tenga quien va a un centro comercial, es más probable que compre. Esto implica que los adultos menores de 30 años y los adolescentes son quienes más pasean y menos compran en el mall. Para estos grupos dichos lugares son centros sociales, culturales y de entretenimiento.

Por lo anterior, entre otras cosas, en círculos académicos y entre activistas pro-centros urbanos generalmente se sataniza al mall. Se le trata como cómplice del abandono de los centros o  sustituto artificial y excluyente del mismo. Se le ve como una aberración de la condición urbana supuestamente ideal. Ésto ha llevado a tratar los centros comerciales con indiferencia, especialmente en las escuelas de arquitectura. ¿Pero realmente qué implica el mall para las ciudades?

el mall es diversion - la ciudad paralela

Los centros comerciales actualmente constituyen “nuevas centralidades”[1],  lo cual efectivamente ha llevado a la descentralización de las ciudades y a una relativa disminución del “peso” de los centros tradicionales en las diferentes dinámicas a escala metropolitana.  La inclusión de atracciones otorga al mall la capacidad de asumir funciones de conjuntos urbanos en un solo edificio. La arquitectura desprecia al mall, pero irónicamente es éste uno de los tipos de edificio más exitosos a la hora de transformar entornos urbanos y relaciones sociales, algo a lo que la disciplina (al menos desde la academia) constantemente aspira.

Si se le busca lo negativo, se encuentra que efectivamente el mall se vuelve un centro controlado al que asisten poblaciones homogéneas, donde aspectos políticos y sociales del espacio público tradicional son suprimidos. Por otra parte, el mall es la respuesta a una periferia que nunca tuvo un centro tradicional; el centro comercial se vuelve el espacio donde los trabajadores de centros corporativos, los habitantes de residenciales cerrados, y los viajeros de negocios de las empresas de zonas francas encuentran cómo satisfacer necesidades, sobre todo de entretenimiento y alimentación, a menor distancia que algún centro de ciudad.

El mall es el resultado lógico y exitoso, desde la perspectiva del inversionista, de un desarrollo urbano que se dejó a merced del mercado inmobiliario. La periferia costarricense, como otras en latinoamérica, surge a partir de la expansión urbana en la que el único papel del Estado fue la construcción de infraestructura vial, de la cual desarrolladores luego se servirían para crear espacios rentables. Los grandes centros comerciales aparecen para ofrecer todo aquello que la ciudad tiene pero la periferia no.

Es por esto que en mi opinión, la discusión sobre la dispersión urbana y el abandono de los centros no debe dejar de lado al mall, ni tampoco debe rechazarlo. Si los desarrolladores de centros comerciales lograron aprender de la ciudad, quienes estamos interesados en los centros urbanos y los espacios públicos también podemos aprender del mall. Especialmente cuando una gran mayoría de la población atiende estos lugares, no podemos seguir tratando el espacio público con nostalgia e ingenuidad. No se trata de abandonar los centros, sino de revalorar los potenciales de la periferia y las lecciones de ésta.

Para los planificadores urbanos, especialmente los que inciden en políticas públicas a grandes escalas, el centro comercial debería ser un recordatorio de que la diversidad y concentración de programas atraen gente y dinero. Por otra parte no se puede ignorar la periferia. Si el mall ha sido parte del proceso de fragmentación y segregación de poblaciones en la mancha urbana, no hay que pretender combatir esos efectos reactivando centros, sino ofreciendo alternativas en la periferia, y asumir que vivimos en entornos urbanos policéntricos, sin que esto justifique la muerte del centro histórico. La población cercana al mall también necesita divertirse.


[1] Lulle T. y Paquette,  C. (2007). Los Grandes Centros Comerciales y la Planificación Urbana: un Análisis Comparativo de dos Metrópolis Latinoamericanas. Estudios Demográficos y Urbanos. Vol.2,No.2. pp.337-361

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Barbara marzo 29, 2014 a las 14:36

Muy interesante, gracias!

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