De la planificación de la ciudad a los objetos aislados

by Diego Chávez Vargas on 1 noviembre, 2015 · 0 comments

in arquitectura costarricense, ciudad, Escazú, Espacio Público, Gestión Urbana, INVU, Mall, paisaje urbano, San José - Costa Rica

Escazu La Ciudad Paralela

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La Gran Área Metropolitana (GAM) de San José, y en particular sus zonas periurbanas, ha pasado por un proceso acelerado de crecimiento de su mancha urbana en las últimas tres décadas. Dicho crecimiento se da en momentos en que el rol planificador del Estado es minimizado, por lo que el desarrollo de nuevos sectores urbanos queda principalmente en manos de la inversión privada ligada a un creciente mercado inmobiliario. A partir de la década de los ochentas, ante la falta de una planificación urbana efectiva por parte de entidades estatales y ante la heterogeneidad de los nuevos proyectos privados, surgen patrones de ocupación del suelo por medio de los cuales en sectores previamente agrícolas se construyen formas arquitectónicas de gran escala, previamente desconocidas o poco comunes en el contexto costarricense.

Antes de explicar los procesos recientes de desarrollo de sectores periurbanos de la GAM, es necesario establecer algunas consideraciones. Por un lado, se parte de que el ordenamiento territorial tiene tres componentes básicos: Estado, sociedad y territorio (Arrieta Chavarría: 2010) y que el mercado es un producto social que en mayor o menor medida es regulado por el Estado, según sea el caso. Por otra parte, se asume la planificación urbana como una práctica producto del modernismo (De Boeck: 2002), que buscaba centralizar el control de aspectos territoriales en una autoridad, generalmente estatal. Ante esto, Dierwechter y Thornley (2012) afirman que “la planificación urbana requiere de legitimación social y política, que solo gana al ser acuerpada por leyes y regulaciones aceptadas.” Los mismos autores afirman que los alcances de la planificación en gran medida dependen de la ideología predominante, y en qué medida asume esta, que el Estado debe intervenir en los procesos del mercado.

Del Estado al Mercado

Después de la Segunda Guerra Mundial, se dio un consenso entre las naciones occidentales sobre sus intereses económicos y su ideología, lo cual dio paso a la consolidación del Estado benefactor (Dierwechter y Thornley: 2012). Ante eso, “la planificación del entorno construido (…) fue una de las áreas claves por medio de las cuales el estado benefactor buscó alcanzar sus ambiciones de redistribución económica y bienestar social.” (Avermaete, et al: 2015). Costa Rica no fue la excepción; como principal evidencia de la intención de regular el uso de suelo y establecer una política de planificación con objetivos sociales en dicho periodo, se puede hablar de la creación del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU) en 1954.

Sin embargo, los avances del INVU se verían limitados por la escasa tradición de planificación del país y la urgencia de atender problemáticas arrastradas históricamente. En sus primeras décadas, el INVU, junto al Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), se dedicó principalmente a programas de vivienda para población de bajos ingresos (Trejos: 1997). Sería a partir de la década de los setentas y hasta mediados de los ochentas, que el INVU empezaría a promover regulaciones al territorio metropolitano. El resultado de mayor alcance de este periodo, sería la “Ley de Planificación Urbana y Plan Regional Metropolitano GAM” de 1982. A partir de este periodo, por motivos de cambios estructurales en el gobierno y la economía, disminuirían los recursos y los alcances del INVU, y otros actores involucrados en la planificación urbana, como gobiernos locales (Arrieta Chavarría: 2010).

Tales cambios estructurales, se enmarcan dentro de un periodo de reformas a los estados promovidas a nivel global. El Estado benefactor entraría en crisis en los setentas (Avermaete, et al: 2015) lo que llevaría a serios cuestionamientos de los mecanismos por medio de los cuales éste buscaba realizar sus objetivos, entre ellos la planificación territorial. “La idea de libertad económica dominaba en ese periodo y había cambiado el balance entre mercado y Estado al restringir el rol de la planificación.” (Dierchwechter y Thornley: 2012).

Simultáneamente al debilitamiento del rol planificador del Estado, fruto del mismo periodo de reformas, se daría una desindustrialización de la economía que facilitaría la ocupación de terrenos para actividades del sector servicios que no necesitaban ubicarse en los centros (De Mattos: 2006). Esto generó un ambiente propicio para el crecimiento de la actividad inmobiliaria en sectores sin desarrollo urbano previo; existían amplios terrenos desocupados, cuyo uso agrícola dejaba de ser rentable, conectados a autopistas, mientras el Estado carecía de recursos para regular el uso de dichos predios. Esto llevó a que sectores periurbanos, grandes extensiones de territorio, fueran desarrollados casi absolutamente por la iniciativa privada. El capital privado comenzó a reconfigurar, en gran medida, las dinámicas urbanas de la GAM.

Las implicaciones de lo anterior son notables, debido a que el paisaje urbano en extensas zonas, pasa a ser definido por la industria financiera (Easterling: 2014), y no por el interés público supuestamente representado por el Estado, al ser los bancos quienes financiarían en adelante el desarrollo inmobiliario. La acumulación de capitales producto de las reformas ya mencionadas, y la desregulación del territorio, consolidaron el criterio de plusvalía como criterio urbanístico (De Mattos: 2006). La rentabilidad y la plusvalía serían las principales variables para los nuevos desarrollos inmobiliarios, lo cual traería cambios en las formas en que se ocupan los predios, y en la arquitectura de los sectores periurbanos.

Dichos sectores, serían ocupados por inversiones de capital transnacional, atraídas por la disponibilidad de terreno a relativo bajo costo y un mercado inmobiliario que garantizaba incrementos en la plusvalía, consolidando una tendencia de “redinamización y reterritorialización del capital” (Fürst Weigand: 2012). Poco a poco, empresas de servicios bancarios, logísticos, comerciales, e incluso turísticos e institucionales, empezaron a trasladarse a cantones como Escazú, Santa Ana, Curridabat y Tres Ríos. Estos desarrollos, no se darían dentro de una trama urbana tradicional, sino al lado de las autopistas, y como conjuntos y tipos arquitectónicos cerrados, sin relación entre sí. A partir de la década de los noventas, sería cada vez más frecuente en las zonas mencionadas, la presencia de grandes centros comerciales (malls y lifestyle centers), oficentros, edificios corporativos, y hoteles. Esto, además, atraería residentes a esas zonas, quienes generalmente vivirían en residenciales o “condominios” cerrados.

Formas y relaciones

La ausencia de planificación para zonas como Escazú, Santa Ana, Tres Ríos, y Curridabat, entre otras, implicó la aparición de dinámicas urbanas que no existían antes en el GAM. Las relaciones entre edificios, la definición de los espacios de uso público, la densidad, los usos, la escala, la imagen, la configuración de los conjuntos y su vinculación a la calle, quedan prácticamente en manos de los desarrolladores. La arquitectura es el medio, y la rentabilidad el fin. Los edificios adquieren en mayor medida, roles que en los centros no eran prioritarios; el edificio pasa al centro de las estrategias de mercadeo de sus propietarios para atraer inversión y consumidores.

Talvez una de las principales consecuencias de lo anterior es el interés de cada propietario, particularmente en los centros comerciales, en hacer que el cliente permanezca el mayor tiempo posible en su propiedad. Sobre todo en el caso de un mall, los aspectos relacionados al edificio, mencionados en el párrafo anterior, se diseñan en función de aislar. El aislamiento como característica común de los edificios y conjuntos de los sectores periurbanos del GAM, es clave para poder explicar cómo la repetición de características formales en un sector, genera dinámicas urbanas particulares; la repetición de esfuerzos por aislarse modela la imagen y las relaciones en estos sectores.

Sobre lo anterior, Keller Easterling (2014) afirma que “los edificios a menudo, no son más recintos singularmente elaborados, únicamente imaginados por un arquitecto, sino productos reproducibles acomodados dentro de conjuntos urbanos similares. Como fenómenos repetibles diseñados alrededor de la logística (…) constituyen una tecnología de infraestructura con rutinas elaboradas y horarios para organizar el consumo.” En otras palabras, la repetición de aspectos formales en los objetos arquitectónicos, es capaz de condicionar el funcionamiento de sectores completos.

Al respecto, Easterling (2014) también afirma que “las organizaciones espaciales y urbanas son usualmente tratadas, no como actores, sino como colecciones de objetos y volúmenes”. Esto constituye una aproximación errónea al estudio del papel de los edificios en cualquier contexto urbano. La disposición de sus componentes, y su forma, tiene un impacto que va más allá del mismo objeto; características propias de los edificios como la escala, la relación con el espacio público, o la facilidad de acceso peatonal o vehicular, no solo tienen impacto en lo que sucede hacia adentro de la propiedad, sino también sobre una serie de conductas y experiencias que generan en el entorno circundante y en el sector urbano que ocupan.

Ejemplo de lo anterior son los parqueos y accesos, así como la separación entre edificios y su tendencia a dejar vacíos alrededor. Esas características hacen difícil la movilidad como peatón de un conjunto a otro, y priorizan la llegada en automóvil a las diferentes actividades que se ofrecen. Esto, además de aumentar el flujo vehicular, genera un espacio público (peatonal) inmediato carente de actividades y prácticamente sin usuarios. Además, se impide (pues no interesa) cualquier relación entre lo que pasa en un desarrollo y otro. A la vez, esto incide sobre los hábitos de consumo y los espacios de socialización a los que asiste la población recurrente de esos recintos.

La capacidad de las características formales de impactar sobre la configuración urbana y el funcionamiento de un sector, varía según su capacidad de multiplicar hábitos y de condicionar las vivencias del entorno inmediato. La repetición de esas condiciones lleva eventualmente al desarrollo de sectores donde la vida entre edificios es mínima y todas las actividades se dan a lo interno de los edificios o conjuntos. La calle se vuelve espacio exclusivo para el tránsito.

Por otra parte, la ausencia efectiva de espacio público, y la poca capacidad institucional de intervenir en el espacio urbano, hace poco efectivo tratar de intervenir en esos sectores por medio de planes maestros o proyectos de renovación ejecutados exclusivamente desde el gobierno. Los desarrollos privados han demostrado tener mayor capacidad de modificar el entorno urbano por medio de los edificios que construyen. Aunque el resultado no sea necesariamente positivo, es innegable que la sumatoria de edificios y conjuntos que constituyen los sectores periurbanos, con sus características repetidas y sus singularidades, han sido más efectivas en consolidar un modelo de ciudad (insostenible, por cierto), que esfuerzos recientes por intentar regular el desarrollo urbano de áreas geográficas incluso mayores a las mencionadas con anterioridad.

Ante esto es válido cuestionarse si es relevante seguir pensando en la planificación a gran escala como un ejercicio efectivo en los sectores periurbanos. De igual manera, resulta necesario cuestionarse si la arquitectura como disciplina es realmente consciente de su papel condicionante de las diferentes condiciones urbanas, particularmente de aquellas, como estos sectores, donde se suele culpar a los desarrolladores de lo que no gusta, y se minimiza el impacto del diseño arquitectónico en el entorno inmediato.

Tal y como se mencionó en la primera parte de este texto, pasamos de un desarrollo urbano dominado por el Estado, a uno impulsado por intereses del mercado. A esto se debe la ausencia, y la incapacidad, de planificación unificada de lo periurbano. Sería ingenuo pensar que el diseño arquitectónico no ha sido parte del resultado de un modelo (neo)liberal de desarrollo urbano. De igual manera, sería ingenuo, seguir concentrados únicamente en resolver los problemas de los centros urbanos tradicionales (lo cual no implica olvidarlos), y seguir aspirando a mejorar nuestras ciudades por medio de megalómanos planes maestros (¿reguladores?) cuyo alcance es realmente limitado, cuando hay evidencias claras de que la inversión, y la población se trasladan hacia sectores cuyas dinámicas siguen sin estudiarse, y que no existen condiciones institucionales para ejecutar planes sin la participación del sector inmobiliario.

Por otra parte, el impacto a escala urbana de uno o varios edificios es mayor de lo que probablemente se quiere pensar. Esto implica, de igual manera, un llamado a los arquitectos, para tratar de entender las consecuencias del diseño arquitectónico en cualquier condición, ya sea periurbana, de centro, suburbana, etc. La posibilidad de mejorar nuestras ciudades, talvez no está en la capacidad de planificarlas, sino en un replanteo de la disposición y las relaciones de su arquitectura y la posibilidad de repetir aquellas características con impacto positivo en la ciudad.

edificio 2 le petit world

*El presente texto es parte de una serie de ensayos que conforman el documento “Observaciones: Arquitectura de Condición Periurbana del GAM” (2015), desarrollado por Diego Chávez Vargas, Jonathan Boza Fonseca, e Isaac Segura Jaubert, como parte del Seminario de Graduación para optar por la Licenciatura en Arquitectura. Disponible en la biblioteca de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica.

Bibliografía

Arrieta Chavarría, O. (2010). Ordenamiento Territorial y Planes Reguladores: Notas al Margen de Nuestra Experiencia en la ECG-UNA. Revista Geográfica de América Central, N°44. pp. 75-89

Avermaete, T., Swenarton, M., y Van den Heuvel, D. (2015). Architecture and the Welfare State. New York, EEUU: Routledge

De Mattos, C.A. (2006). Modernización Capitalista y Transformación Metropolitana en América Latina: Cinco Tendencias Constitutivas. En: Geraiges de Lemos, A.I. America Latina: Cidade, Campo, e Turismo. Sao Paulo: CLACSO

De Boeck, L. (2002). “After-Sprawl”. En: De Geyter, X. (2002). After-Sprawl: Research on the Contemporary City. Rotterdam: NAI Publishers

Dierwechter Y., y Thornley, A. (2012). Urban Planning and Regulation. En Crane, R., y Weber, R. (Eds.) The Oxford Handbook of Urban Planning. (pp. 46-68) New York, EEUU: Oxford University Press.

Easterling, K. (2014). Extrastatecraft: the power of infrastructure space. London, UK: Verso.

Fürst Weigand, E. (2012). Aprendizaje Social y Desarrollo Urbano en la GAM. Heredia, Costa Rica: CIPE-UNA

Trejos, M. E. (1997). Relaciones laborales y reestructuración del estado en Costa Rica. (1ª ed). Heredia, Costa Rica: EFUNA

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