Direcciones "a la tica"

Direcciones “a la tica”

El tema de las referencias urbanas y cómo los costarricenses las usamos para dar direcciones y ubicarnos en la ciudad (lo que los periodistas llaman “direcciones a la tica”), ha sido mi tema de investigación por los últimos meses, y por algunos más que vendrán. Al tirarme a la calle y hacer una primera práctica con personas al azar que caminan por San José, me topé con la sorpresa de que hemos ido perdiendo esa habilidad que nos hacía tan singulares, la de contar con un GPS mental y ser capaces de evocar objetos urbano-arquitectónicos para decirle al otro cómo llegar a un lugar, con referencias presentes o desaparecidas que enriquecían la memoria urbana a través del decir.

Esto me hizo acudir a los carteros: cartógrafos innatos de a pie y másteres del know how de la interpretación del discurso confuso y ambiguo de las direcciones costarricenses para lograr dar con ellas. El diario trajín, las metodologías y los absurdos con los que tienen que lidiar es un poco de las intenciones a tratar en esta ocasión.

La jornada normal de un cartero del casco central de San José inicia a las 6:30 de la mañana con lo que parece un mercado persa. Entra a la base el cargamento de correspondencia y es necesario hacerla pasar por el proceso dominó. El territorio josefino está dividido por sectores asignados cada uno a un cartero, que corresponde a un área suficiente para ser trabajada por una persona. La correspondencia se clasifica por sector, y cada quién revisa que no haya “forros”, es decir, elementos que no correspondan a su sector, que en dado caso, se remiten a donde corresponde.

Hasta aquí todo es muy coherente, pero ¿cómo trazar una ruta de entrega de correspondencia en una ciudad donde la Nomenclatura es una leyenda urbana: todos sabemos que sirve para algo, pero nadie sabe decir exactamente para qué?

Si bien la gran mayoría de cartas viene con direcciones a partir de referencias, es esa misma lógica la que se sigue para la clasificación y trazado de rutas, no hay de otra. Por ejemplo en un paquete certificado versa: “San José, Cuesta de Moras, por el Más X Menos, edificio grande color blanco, en el 3er piso del edificio nuevo, en la Unidad de Vivienda” (nótese como nunca dijo el nombre del edificio/institución). En este caso, la referencia sería el Más X Menos. Cuando una referencia como esta se repite constantemente, los carteros la identifican y en la base se etiquetan los clasificadores con las mismas, donde se acomodan las cartas y paquetes que van para las cercanías de cada una de estas referencias, creándose así, una especie de mapa mental en donde saltan las referencias bajo las cuales se trazan las rutas de entrega.

Empírico, pero eficiente.

Las referencias van desde las más obvias como el edificio de la Caja (CCSS), la Clínica Bíblica o la Catedral Metropolitana, hasta casos tan locales como el Bar La Nueva Estrella, Soda La Moderna o Kilo Gangas. El problema radica en lo efímero de las referencias, por lo cual todos los carteros contestan “sí, pero ya están desactualizadas (las etiquetas)”, por lo que el clasificador se vuelve una eterna actualización de papelitos temporales que sustituyen etiquetas cada vez que descubren que un comercio se trasladó, o un edificio fue demolido. Decía Baudelaire que la forma de las ciudades cambia más a prisa que el corazón de los hombres.

Si yo tuviera que elegir un lema para esta empresa, sería “nadie nace aprendido”. Es la respuesta que más de uno me dio al contarme cómo fue empezar a trabajar como cartero en San José viniendo de otras partes del país. El primer día puede ser catastrófico; dar más vueltas que un trompo o dejarse ir por la finta de direcciones como: “Casa rosada frente a Parqueo – por la casa del Tornillo – 25 oeste del BCR”. ¿Cuál sucursal del BCR? Hay miles. Y como ley natural de este arte popular, se parte del hecho de que es de conocimiento general la ubicación de referencias como “La Casa del Tornillo”, construcción muy curiosa por cierto que para quien la conoce, se sobreentiende por qué se vuelve referencia, pero qué pasa si no se tiene la más remota idea de dónde está?

Pues sí, nadie nace aprendido. El método es el siguiente: la primera vez es perdida segura. La segunda ya se cuenta con la noción de la experiencia, y la tercera ya se es íntimo amigo del dueño del local. Metodología del “juéguesela” señoras y señores, garantía de éxito para comprender la mayoría de rasgos de identidad costarricense.

Contrario a lo que muchos pensarían, dentro de la lógica popular existen buenas direcciones, bastante eficientes para quién tiene un conocimiento previo de la ciudad. Pero aún siendo un  docto en la materia, no hay alma que pueda contra una dirección ambigua. Casos muy comunes de confusión para un cartero son cuando una referencia abarca toda una cuadra: “Del Banco Popular 300 Sur y 75 al Este”. El BP tiene dos esquinas sobre la Avenida 2da y dos sobre la Avenida 4, la pregunta es ¿a partir de cuál de las cuatro esquinas empezar a contar los 300 metros? El caso de la Caja (CCSS) presenta un caso similar, ya que tiene cuatro esquinas y dos entradas, también sobre Avenidas 2da y 4. Saber a partir de qué punto empezar a contar es un dilema diario que confunde y atrasa la jornada.

Otro tipo de ambigüedades se da a partir de la confusión de toponimia (nombre propio de un lugar). Como en este país se sacaron el santoral cada vez que se iba a bautizar un nuevo poblado, tenemos cualquier cantidad de San Rafaeles, San Pablos, San Antonios en todas las provincias del país, lo cual, a falta de una buena especificación, pueden pasear las cartas a lo largo y ancho del país por las oficinas de correo hasta dar con el santo que era. O peor aún, cuando estas ambigüedades trascienden las fronteras como fue el caso de un paquete que decía: “Belo Horizonte, M.G.”. El cartero empeñado en encontrar al dueño de iniciales M.G. por el condominio en Escazú, después de muchos intentos fallidos se dio cuenta de que M.G. correspondía al Estado de Minas Gerais, Brasil. Lo mismo pasa con paquetes dirigidos a San José, California, USA.

¿Qué se entiende por una dirección buena entonces? La queja no es hacia el mecanismo popular a partir de referencias urbanas, que como concluimos, es cuestión de tiempo y experiencia para dominarlo en su más amplio sentido. Sino a la Nomenclatura a medias que señaliza cada calle y avenida, mas no las construcciones individualmente (que si bien existe la numeración en el papel, no en su placa física), que para efectos de entregas, igualmente se vuelve necesario dar señas como  “frente a Bar Panterito, casa color beige con vino”. Volvemos a lo mismo.

Lo menos que podemos hacer la próxima vez que mandemos un paquete o carta por correo, es hacer un buen uso de las referencias para facilitarle la vuelta al cartero, no necesariamente con el uso de la numeración de calles y avenidas ya que mucho camino falta por recorrer en ese aspecto (como pronto veremos), sino al menos proveyendo de información acertada y específica, que mínimo indique si es de la esquina sureste de la Catedral o de su costado norte.

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leonardo diciembre 7, 2014 a las 12:35

hola, me llamo leonardo y soy universitario.
mi consulta es: quisiera saber como surgió???.. y cual es el comportamiento actual de la gente de San José (centro) ante el fenómeno , si se le puede llamar así, del despoblamiento de San Jose.

muchas gracias, espero su respuesta!

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leonardo diciembre 7, 2014 a las 12:44

hola me llamo LEonardo y soy universitario, mi consulta es la siguiente

quisiera saber como surgió y cual es el comportamiento actual de la gente (población) de San José centro dado por el fenómeno , si s ele puede llamar así, del despoblamiento de San José.
muchas gracias estaré esperando su respuesta!

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