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Por Laura Paniagua Arguedas*

Arte callejero en la Plaza de la Cultura

Arte callejero en la Plaza de la Cultura

 

En días recientes se ha desatado una polémica e indignación ante la acción de la policía municipal en San José al restringir la presentación de músicos en las calles de la capital.

¿Quién no ha pasado por San José y se ha quedado atrapado en alguna melodía que le evoca recuerdos o simplemente le capturó la atención en su vaivén? En no pocas oportunidades he visto cómo grupos o solistas se ubican en algún espacio de una avenida o calle y con su música deleitan el oído de quienes se dirigen a sus casas o trabajos y se detienen a disfrutar del momento. Algunas personas solo escuchan y observan, otras se dejan llevar por la emoción y hasta bailan. Lo cierto es que solo un municipio que se encuentra distante de la experiencia vital de sus habitantes podría ocurrírsele expulsar del espacio público estas expresiones artísticas.

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Si bien La Ciudad Paralela tiene como objetivo fundamental “abrir el espacio a la transmisión y discusión de todas esas ocurrencias sobre lo urbano”, hay algunas con las que simplemente no podemos estar de acuerdo ni permanecer indiferentes. Lo que se pretende hacer en Honduras es una ocurrencia peligrosa. No es nuestra intención hablar del aspecto político-partidario ni de la clase gobernante de dicho país, sino de los errores (horrores) que creemos conllevaría la ejecución de las Regiones Especiales de Desarrollo (RED).

La idea de las RED, o Ciudades Modelo consiste en que el gobierno de Honduras otorga a inversores privados una parte del territorio soberano para la creación de una ciudad autónoma que una vez aprobada por el Poder Legislativo “quedará a sus anchas para gobernarse, administrarse, firmar tratados, establecer su propia política monetaria, crear órganos de aplicación de la ley (como tribunales y policía), hacer su presupuesto y hasta “contratar sus propias deudas internas o externas” (sin pagar impuesto alguno al gobierno). O sea, Honduras regala un pedazo de su territorio a inversores privados que empiezan una ciudad “de cero”,  donde la gente que decide ir a vivir ahí debe someterse a las reglas establecidas desde la fundación de la nueva ciudad.

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