centro histórico

Para la mayoría de las personas, San José es su centro; no es un cantón ni mucho menos una provincia. Con su condición de centro se vuelve un referente definitorio para la identidad nacional, a raíz de la centralidad institucional, política, simbólica que históricamente se ha asentado hacia este punto del país, partiendo del hecho de que la centralidad en una ciudad se da por reunir una serie de variables y condiciones; es un rol, y se refiere a un proceso, no necesariamente a una ubicación física de centralidad.

Los centros históricos son un registro vivo que conserva el testimonio del pasado y su transformación para trascender y adaptarse para convivir con el presente. Preservan la evidencia del mito fundacional que la dota de un interés patrimonial (tangible e intangible) que le da “sentido” y consistencia al espacio que vivimos, ya que el suelo que hoy transitamos ha sido testigo de innumerables capas de historias de transformación constantes que el tiempo erosiona, y da como resultado la posibilidad de hacer una lectura retrospectiva de este palimpsesto; entender la actualidad como un resultado de transformación constante de la forma y la función de la ciudad, entendiéndola como lo que “permanece a través de sus transformaciones”[1].

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