Antes de escribir cualquier afirmación sobre las micro-estructuras utilizadas por algunos comerciantes en la ciudad de San José, debo confesar mi interés y admiración por el trabajo de Atelier Bow-Wow. No se trata de un comercial a quien no lo ocupa, sino de reconocer que sus estudios sobre “Pet Architecture”, micro espacios públicos, y “Void Metabolism”, me convencieron de que en lo cotidiano y en las particularidades locales (muchas veces accidentales) es donde se entiende el verdadero origen de las formas arquitectónicas. Las teorías, las “ideas” y la inspiración del arquitecto pseudo-creador-pensador se quedan cortas para explicar cómo surgen, cómo cambian, y cómo se comportan realmente los objetos en la ciudad. Este es el origen de mi inquietud por lo micro en San José.
Esa inquietud me llevó hace unos días, junto con Anita, a buscar la versión josefina de los “Pets” de Bow-Wow: aquella arquitectura que es “más pequeña que las casas de conejo (término utilizado para burlarse de las casas pequeñas en Tokio) y más grandes que las casas para perros”[1]. Si bien partíamos de que San José nos iba a ofrecer ejemplos muy diferentes a los de Tokio, nos dimos cuenta de que aquí eran escasos los lotes tan estrechos, y esos vacíos minúsculos entre edificios que al parecer son frecuentes en la capital japonesa y que son los lugares predilectos para construir esas “mascotas”. Sin embargo vimos como los kioskos o puestos de venta de las esquinas josefinas sí cumplían, al igual que los “Pets” con aquello de que “no pueden ser sistemas cerrados; deben ser ayudados por otros edificios”[2]. En otras palabra, son tan pequeños que no pueden encerrar actividades y necesitan a la gente que entra y sale de los edificios cercanos para poder funcionar.
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